Células madre

Todos los seres humanos cuentan con células madre. Éstas pueden evolucionar hasta convertirse en una variedad de células especializadas, como las musculares, las de la piel y las del cerebro.

Las células madre no sólo reponen las células envejecidas, sino que también reparan y sustituyen el tejido dañado. 

Estas terapias se basan en la idea de que las células madre pueden crearse en el laboratorio y utilizarse después para crear nuevos tejidos, restaurar las células dañadas y descubrir las vías de las enfermedades.

Hasta ahora, los científicos se han centrado sobre todo en generar dos tipos de células madre: las embrionarias y las adultas.


La pluripotencia es la capacidad de las células madre embrionarias de dar lugar a cualquier otra célula del cuerpo. Por otro lado, las células madre adultas no son intrínsecamente pluripotentes, es decir, están muy especializadas y sólo pueden diferenciarse en un número limitado de tipos celulares. Sin embargo, pueden reprogramarse para restaurar la flexibilidad del desarrollo.

Algunas enfermedades pueden beneficiarse de la terapia con células madre. Para los trastornos sanguíneos e inmunológicos, como la leucemia, el linfoma y el mieloma, ya existen terapias basadas en células madre establecidas y autorizadas.

En algunos lugares, también está permitido su uso para tratar las quemaduras químicas de los ojos.

La posibilidad de emplear células madre para tratar diversas enfermedades ha desencadenado una serie de nuevos ensayos clínicos, así como el "turismo de células madre" a Panamá, Ucrania y Tailandia.